Algunas mañanas el paraíso se vuelve hostil y el sol calienta de forma tan ambigua, que me hace dudar de su existencia.
Ésta, que parece ser tierra de todos, también es de nadie. Me acerco a ella para "usurpar" un poco de aire y un bocado de vida, pero se me llenan las tripas de rechazos tan dolorosos y febriles como la picadura de una medusa. Dicen que, cada vez más, el mar y las playas están plagados de ellas, pero yo no soy de su casta y, sin embargo, me acompañan hasta la orilla y se alejan, tristes, al ver que, a punto estoy de ser devorada por un enjambre de leyes homicidas.
He bebido agua fresca y besado las manos de quien me acaricia. Me han sostenido la mirada para aliviar mi cansancio. No salgo de mi asombro y no puedo dejar de mirarlo todo con algo de miedo. Quisiera cerrar los ojos y dejar de ver esa incierta luz en medio del agua. Olvidar el silencio que me hacía apretar la boca hasta un imperturbable dolor.
Acoto mis párpados y duermo tranquila.
Son las nueve menos cuarto, y voy en un camión azul que me lleva de vuelta al amanecer de cada día. Creen que me han "depurado", pero ha sido sólo un poco de jabón por fuera. Por dentro han dejado el mismo duelo, y sumado la mierda que yo no traía.
Con amor, desde el otro lado, donde deconstruimos muros para que nadie tenga que a-saltar-los.
#PeBoReAug2018
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