Niña, vierte savia en el fondo, que al fin será, para dar luz a un mundo segregado de otro no tan profundo.
Mira que te ciega la cordura, y hay que habitar este espacio como si fuéramos orates de un orbe indefinido que se cuece, a fuego lento, entre tus cabellos y mis manos.
Mira que no acierto a comprender, qué pasa en este árbol bajo el que vivimos. Mira que la tormenta me aturde y yo no sé a dónde iremos.
Ayúdame hija, que el ayer ha convenido que, aunque el fuego nos consuma, no habremos de morir ahogados aquí y ahora. Será otro mañana en un precipicio de musgo.
¡Ay, cuánto duele la sangre, y los suspiros!
¡Cuánto, cuánto!
#PeBoReSep2018
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