Se abre el telón y el equilibrio se desborda por un camino que desconozco. Sin preguntar, me dejaron en él y tuve que hallar las salidas. Sigo con los ojos vendados y, a tientas, tomo las manos de cualquier transeúnte que quiera ayudarme a cruzar hasta la otra orilla. Allí ofrecen dulces para lenguas huérfanas y almohadas para los sueños; bolsillos para las caricias y labios calientes para un invierno de regresos.
Aquí no hay tejados para los gatos, ni esquinas para abrigarse del viento. La escarcha viste de azul los huesos hundidos en el légamo. A ciegas, la noche penetra hasta el fondo de lo inmaculado y se cubre con un manto de desperdicios.
No se puede abrir fuego contra el dolor, ni amputar las heridas de los "nadies". Solo el aliento consumido y consumado, nos llevará a perder el miedo al oprobio y desgranar, celda a celda, esta eterna alambrada de equívocos.
Ni siquiera los murciélagos miran para otro lado.
#PeBoReFeb2019