deberíamos abrir las ventanas
dejar que el sol
brillara después del ocaso
cantar y contar
cuantas veces diez
nuestros dedos fueran capaces
sin perder la razón
por la que hoy oramos
en este huerto de olivos
Sigrid I
deberíamos abrir las ventanas
dejar que el sol
brillara después del ocaso
cantar y contar
cuantas veces diez
nuestros dedos fueran capaces
sin perder la razón
por la que hoy oramos
en este huerto de olivos
Sigrid I
Encontré un castillo habitado por duendes y todos los niños que fui. Jugaban a ser altos, muy altos; con paraguas, corbatas de colores y una cordada de siluetas danzando por la calle.