Las ganas de desaparecer son cómplices de las tardes de domingo. De lunes sin una notable relevancia. De martes alquilados para un segundo baile y miércoles albos que siguen escapando a un jueves indiferente. Hay viernes prisioneros de esta luz que, a medio gas, se sostiene y se apaga cada sábado, sin escalar la muralla.
Días que se guardan
en un perfil estriado
y se mueren.
Sí,
porque los días se mueren,
y no son nada
ni son nadie,
pero mueren
mueren
mueren.
Como casi todo lo que en sueños nos salva...
#PeBoReOct2018
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