De aspecto sencillo e impecable. Sentado frente a mí. El pelo blanco y un poco largo, casi le roza los hombros. No me mira; tiene las piernas cruzadas y sobre sus rodillas, un libro de pastas negras, sin título, que parece no pesar nada. Lee tranquilamente, con una media sonrisa. Está aislado de todo.
Sigo leyendo y de vez en cuando observo a los demás. Todos vamos cómodos, no hay nadie de pie; cada uno en su mundo.
Las pantallas brillan con el sol y a veces casi no se puede leer. Guardo mi móvil, y una chica de pelo largo hace otro tanto, después, sigue mirando por la ventanilla, indiferente.
Cierra el libro y me sorprende con su mirada azul. Me sonríe y sin más, le digo: disculpe señor, ¿le importa que le tome una foto mientras lee? No se preocupe, no captaré su imagen completa, solo necesito sus manos sobre el libro. Es para algo que quisiera escribir.
Sí señora, con mucho gusto -responde amablemente- y posa para mí. Le muestro la imagen, le hago otra toma (por si acaso) y seguimos charlando. Es increíble -me dice- la buena definición que tienen estos aparatos. Mientras hablamos, me mira directamente a los ojos y eso me gusta. Es curioso, los dos somos sevillanos y cada uno piensa que el otro no lo es, por el acento.
El gusto por la lectura y las nuevas tecnologías, mantiene nuestra conversación durante un buen rato. Se ha puesto de pie. Es muy alto. Sonriendo, me tiende su mano dándome las gracias por la compañía.
Se baja dos paradas antes que yo, y me deja pensando, que aún hay gente que ama el papel, a pesar de llevar en el portafolios uno de esos dispositivos de última generación.
Al llegar a mi destino, me doy cuenta de que ocupando uno de los últimos asientos y, quizás "en otro mundo", una chica joven va leyendo Cincuenta sombras de Grey.
Creo que él llevaba entre sus manos, el libro más vendido del mundo.
#PeBoRe/13.03.2015

No hay comentarios:
Publicar un comentario