Y mientras tú escribes, a mí se me acaban las palabras y me pierdo en los entresijos de esos dolores que no tengo, porque mis hijas no están, tampoco mis hijos. No llueve sobre mojado ni la tierra puede tragar más espanto. A veces suenan campanas de una iglesia y estamos en el centro del mundo. No están mis hijas ni mis hijos, y creo que no pertenezco a este enjambre de hormigas púrpura. La montaña se desespera mientras bajo los ojos, hasta llegar a ese fondo de presagios donde se encuentran los esqueletos (inaninados y sucios) de tantos sueños exprimidos.
Las naranjas caen de los árboles y las manzanas se devoran unas a otras porque tampoco está Eva, y Adán no sabe si ha de cargar con algún pecado.
Y yo me pregunto a estas horas de la madrugada, ¿por qué no vinieron mis hijas?, ¿adónde fueron mis hijos?
Y me vuelvo a quedar dormida...
Mañana volveremos a encontrarnos.
#SigridAbril2019
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